domingo, 7 de agosto de 2016

DEMOCRATIZAR EL EROTISMO



Mireya Sánchez Echevarría
El uso de la imagen del cuerpo de la mujer en los medios de comunicación y en la publicidad conlleva en la actualidad ribetes de “cosificación” sexual. Esta connotación proviene de una larga tradición de la representación del desnudo femenino en la pintura al óleo europea signada por los valores judeo cristianos de occidente que determinó finalmente la construcción del sujeto sexual femenino a través de la mirada masculina. ¿Cómo se construye y cómo se puede deconstruir esta imagen? De eso trata estas líneas.



“El cuerpo de las mujeres”, documental de Lorella Zanardo, constituye un indignado alegato contra la “cosificación” de la imagen de la mujer en los medios de comunicación y la publicidad. Para la periodista italiana, estos habrían reducido los rostros y cuerpos de las mujeres a máscaras y cuerpos inflados, y escondido su imagen real por la ostensión obsesiva, desproporcionada y vulgar de los caracteres femeninos. La construcción de la identidad sexual femenina a través de estas imágenes es el de una mujer silente, pasiva, dispuesta solo a contentar y secundar cada presunto deseo masculino. Zanardo denuncia que el espectáculo de la belleza, de la juventud, de la sexualidad y de la perfección corpórea contribuye a establecer una propedeutica temprana para las mujeres donde es más importante el parecer que el ser.

Si bien la construcción de esta identidad denunciada por Zanardo se  desenvuelve en la actualidad en el contexto de la cultura de masas y de  lo que el escritor Mario Vargas Llosa denominó la civilización del espectáculo, la mirada genealógica del crítico de arte John Berger expuesta en su obra “Modos de mirar” nos ofrece algunos criterios que nos permiten descubrir cómo eran vistas las mujeres desde la tradición pictórica europea del desnudo femenino y explicar la pervivencia de dicho imaginario en el presente. El desnudo en esa tradición se inaugura con el tema que lo definirá: la desobediencia de Eva al comer el fruto prohibido. De allí surge dos elementos importantes: por un lado, la culpa de la mujer y su consecuente castigo plasmado en la subordinación al hombre, y por otro, la visión de la desnudez creada en la mente del observador. A partir de allí, en la tradición europea, ya secularizada, el desnudo implica el saberse visto por el espectador, o mejor dicho, vista como un espectáculo para el placer del espectador.

Berger en este punto hace una distinción importante entre el verse uno mismo desnudo y la de ver al otro/a desnuda y puesto en exhibición. Estar desnudo ─dice─ es estar sin disfraz. Estar en exposición es tener la superficie de la propia piel, el pelo del propio cuerpo convertidos en un disfraz que no puede sacarse. En este sentido, la mayoría de las pinturas de desnudo femenino europeas han sido creadas para el placer del espectador masculino que las posee, las valora y las juzga como espectáculos. En ellas la mujer muestra su desnudez de forma pasiva al espectador, como una forma de sumisión, nunca revelándose a si misma porque la desnudez de ellas es una forma de vestido, de dizfraz, que las cubre. Solo muy contadas entre decenas de miles de óleos europeos de desnudos se ve a la mujer  mostrándose como ella misma, estas excepciones revelan pinturas tan personales como poemas de amor.

Si comparamos estas antiguas imágenes pintadas en un contexto ideológico determinado con las imágenes de las mujeres representadas en las actuales revistas “masculinas”, las que aparecen en la publicidad o en la televisión del espectáculo encontramos que la mirada, la expresión y la disposición de los cuerpos son iguales.  La expresión responde a un encanto calculado hacia el hombre que supuestamente está mirando, hacia el que se considera su amante, el espectador propietario. El cuerpo está dispuesto de un modo lánguido, pasivo para ser atractivo a la sexualidad de ese expectador ignorando la propia sexualidad de la representada. Vemos que John Berger y Lorella Zanardo coinciden en estos puntos, y en otro de vital importancia. El punto común y resaltado es que en la actualidad a través de las imágenes sexuales desplegadas por la industria cultural y los mass media, nosotras las mujeres nos miramos con los ojos de los hombres, y construimos bajo esa mirada nuestra identidad sexual sin reconocernos ni reconocer nuestros verdaderos deseos y necesidades.

Ahora, si bien existen otras tradiciones donde la imagen sexual de la mujer, el desnudo, y por tanto su identidad sexual reflejan la exaltación del amor activo  entre dos personas, o donde la mujer es sexualmente tan activa como el hombre, es importante reconocer que el capitalismo mundial integrado ─como lo llama Félix Guattari─ al descentrar sus núcleos de poder de las estructuras de producción de bienes y servicios a las estructuras productoras de signo, de sintaxis y de subjetividad, especialmente a través del control que ejerce sobre los medios de comunicación, la publicidad, y otros, ha universalizado esa mirada. Por tanto, tienen razón Berger y Zanardo cuando alarman sobre el peligro que corre la construcción de la identidad sexual de las mujeres en un mundo de violentas, universales y hegemónicas asignaciones. Las preguntas de Zanardo así cobran sentido cuando espetan: ¿por qué las mujeres debemos aceptar los modelos irreales cargados de erotismo y sexualidad que nos imponen los mass media? ¿Por qué no mostrar a la mujer como es realmente? ¿Por qué se acepta la humillación de la cosificacion?

Una de las salidas planteadas especialmente desde el documental de Zanardo es la repulsa de este sistema valórico. Se espera, que las mujeres abandonen ser partes sometidas de este juego de miradas perverso, e incluso se espera que los mismos medios que reproducen estas imágenes, tomen conciencia de la situación y acompañen la revuelta. Sin embargo, hay dos temas en este programa que siempre me han inquietado. El primero, si se reconoce que estamos ante un campo de juego con sus propias reglas, me parece que intentar cambiarlo deponiendolas asemeja a una labor de Sísifo, mejor promover su abandono. Por otra parte, existe en la protesta de las mujeres, particularmente desde el feminismo, una sanción casi de tipo de moral a las mujeres insertas en este sistema (la gran mayoría). Hay un continuo reclamo para que las mujeres se liberen del imperio de la imagen apostando al imperio de la razón, del espíritu. He aquí el problema. ¿Porqué nuevamente seguir el juego civilizatorio patriarcal de confrontar cuerpo y espíritu en dicotomías jerárquicas destructivas? ¿Por qué denigrar, menospreciar, rebajar el valor del cuerpo? Me parece correcto denunciar al sistema, promover la toma de conciencia, pero superando también la oposicion dicotómica cuerpo y espíritu en la construcción de la identidad femenina.

Vamos por el lado contrario. Hay una corriente de pensamiento ─expuesta por Catherine Hakim─, que reconoce y acepta la cultura sexualizada de esta sociedad capitalista, y plantea como una estrategia de acumulación de bienes para las mujeres –aunque no exclusivamente- el despliegue de su “capital erótico” construido a lo largos de cientos y cientos de años. El capital erótico, sería una adición importante al capital económico, cultural y social. Hakim le otorga un valor predonderante en los mercados de apareamiento y de matrimonio, pero también en los mercados de trabajo, los medios de comunicación, la política, la publicidad, los deportes, las artes y en la vida cotidiana. Según la autora, las mujeres, dada su larga experticia en el tema estarían en mayor ventaja competitiva que los hombres para incrementar y explotar este capital con el fin de lograr beneficios económicos y sociales. El problema es que al seguir el juego del capitalismo y de su cultura del espectáculo resultante, insertándose en su lógica y aceptando sus reglas, se contribuiría a consolidar sus perniciosas redes ideológicas. Por otra parte, esta aceptación limitaría la posibilidad a las mujeres de construir su identidad sexual desde sí mismas y con otros paradigmas.

Sin embargo, creo necesario otro posicionamiento. Parece una obviedad, pero el punto de partida debe reconocer que es imposible pretender  construir “una” identidad sexual de las mujeres. Dicha construcción será tan individual y diversa como mujeres puedan existir. Debería estar basada por tanto en un ejercicio de decisión individual pleno, alejado críticamente del mundo del espectáculo, de la publicidad, de la moda, de la cultura de masas, del imaginario judeo-cristiano occidental, del patriarcado, en fin, de todo aquello que hasta ahora ha marcado nuestros gustos y ha construído nuestra imagen e identidad. El sexo ha desempeñado un lugar protagónico en lo que hace a nuestra humanidad, porque el ser humano a través de su voluntad y el ejercicio de su libertad convirtió sus pulsiones en amor, sentimiento, juego amoroso y por supuesto en erotismo.

Considero  entonces que es desde un posicionamiento femenino del erotismo ─aquel suplemento del alma, de valor intelectual y espiritual─, que se puede empezar a construir la identidad sexual de las mujeres. Para ello, atendiendo a la preocupación de John Berger, es necesario romper con el monopolio del deseo y la pasión. Dejar el espectáculo masivo y volver al secreto domino de lo íntimo y lo privado para desde allí hacer del erotismo un ejercicio libertario que respete la libertad del otro, sin miedos, sin culpas, con creatividad, con fantasía, con imaginación, con voluptuosidad. Desde allí también podemos empezar a ejercitar el arte de mirar y tomar por nosotras mismas, de obtener y dar placer a un cuerpo, que dejará de ser mirado con condescendencia y desprecio, y más bien con sensibilidad, emoción y gozo. Frente a la “cosificación” de las personas, de su instrumentalización, de su conversión en mercancía y espectáculo, el retorno a la intimidad y a la sensualidad y sexualidad creativa. El erotismo como via revolucionaria, como guera de guerrillas para que las mujeres podamos recontruir nuestra imagen sexual y sensual desde nosotras mismas, y que podamos también construirla democrática, creativa y libertariamente.

Bibliografía

Berger, John (1972) Modos de ver. Edición Inglesa. Disponible online en: https://paralelotrac.files.wordpress.com/2011/05/modos-de-ver-john-berger.pdf

Guattari, Félix (1989) Las tres ecologías. Ed. Pretextos. Valencia.

Hakim, Catherine (2010) “Erotic Capital” en: European Sociological Review VOLUME 26 NUMBER 5 2010 499–518 499 DOI:10.1093/esr/jcq014, available online at www.esr.oxfordjournals.org Online publication 19 March.

Vargas Llosa, Mario (2012) La civilización del espectáculo. Alfaguara. Grupo Santillana. Madrid. https://paralelotrac.files.wordpress.com/2011/05/modos-de-ver-john-berger.pdf

domingo, 1 de junio de 2014

MUXES: Uná crónica de las posibilidades de la Identidad Sexual


Muxes de Juchitán

Fragmento de Martín Caparros


Elaborado por Melissa Castro


La problemática de las identidades sexuales, ha sido concebida como una ruptura subversiva, en los estudios de género. Es por está razón que los siguientes fragmentos corresponden a una crónica realizada por el escritor argentino Martín Caparrós, que nos relatan la historia de Amaranta, una muxe que llegó a ser un referente político de la cultura Sapoteca. A la vez, este post se complementa con el video referente a las muxes de Juchitán, como documento visual de la identificación sexual de de este grupo cultural mexicano.
 
Amaranta tenía siete años cuando terminó de entender las razones de su malestar: Estaba cansada de hacer lo que no quería hacer. Amaranta, entonces, se llamaba Jorge y sus padres la vestían de niño, sus compañeros de escuela le jugaban a pistolas, sus hermanos  le hacían goles. Amaranta se escapaba cada vez que podía, jugaba a cocinar y a las muñecas y pensaba que los niños eran una banda de animales. De a poco la seguían llamando Jorge. Su cuerpo tampoco correspondía a sus sensaciones, a sus sentimientos. Amaranta lloraba, algunas veces, o hacia llorar a sus muñecas, y todavía no conocía su nombre. Aquel día su madre cumplía años y Amaranta se presentó en la fiesta con pendiente y un vestido floreado, tan de señorita. Algunos fingieron una sorpresa inverosímil. Su mamá la abrazó; su padre profesor de escuela, le dijo que respetaba su decisión pero que lo único que le pedía era que no terminara borracha en las cantinas (…)

 Muxe es una palabra zapoteca que quiere decir homosexual. Pero quiere decir mucho más que homosexual. Los muxes de Juchitán disfrutan desde siempre de una aceptación social que viene de la cultura indígena. Y se visten -de mujeres- y circulan por las calles como las demás señoras, sin que nadie los señale con el dedo. Pero sobre todo: según la tradición, los muxes de Juchitán nos caracterizamos por ser gente trabajadora, muy unidos a la familia, sobre todo a la mamá. Muy con la idea de trabajar para el bienestar de los padres. Nosotros somos los últimos que nos quedamos en la casa con los papas cuando ya están viejitos porque los hermanos y las hermanas se casan y hacen su vida aparte, pero nosotros como no nos casamos, siempre nos quedamos. Por eso a las mamás no les disgusta tener un hijo muxe. Y siempre hemos hecho esos trabajos de cocer, bordar, cocinar, limpiar, hacer adornos para la fiestas: todos los trabajos de mujer. Amaranta mueve su mano derecha sin parar y conversa con soltura de torrente, eligiendo palabras: entonces pensé que quería estar en la boca de la gente del público y empecé a trabajar en un show travesti que se llamaba New Les Femmes (…)

Las New Les Femmes habían quedado en encontrarse tras tres meses de vacaciones, en un pueblo de Chipas donde había cerrado un buen contrato. Amaranta llego un día antes de la cita y esperó y esperó. Al otro día empezó hacer llamadas: así se enteró que dos de sus amigas habían muerto de sida y la tercera estaba postrada por la enfermedad. Hasta ese momento Amaranta no le había hecho mucho caso al VIH, y ni siquiera se cuidaba (…) Fue su camino a Damasco. Muerta de miedo, Amaranta se hizo los análisis. Cuando le dijeron que se había salvado, se contactó con un grupo que llevaba dos años trabajando sobre el sida en el Istmo: Gunaxhii Guendanabani- Ama La Vida- era una pequeña organización de mujeres juchitecas que la aceptaron como una más. Entonces Amaranta organizó a sus amigas para hacer campañas de prevención.  Los muxes fueron muy importantes para convencer a los más jóvenes de la necesidad del sexo protegido.

Tradicionalmente las muxes juchitecas no se prostituyen: no lo necesitan porque no existe la marginación que les impide otra salida. Pero algunas han empezado a hacerlo (…) El padre de Amarante, Paco lleva bigotes y no está de acuerdo. El cura quiere ser tolerante y a veces le sale: dice que la homosexualidad no es natural, pero que en las sociedades indígenas, como son más maduras, cada quien es aceptado como es. Pero que ahora en Juchitán, hay gente que deja de aceptar algunos homosexuales porque se están occidentalizando¿Qué significado occidentalizarse en este caso?, pues por ejemplo meterse en la vida política, como se ha metido ahora Amaranta. A mí me preocupa veo otros interés que están jugando con ella… o con él, no, con ella, pues. Porque el homosexual de aquí es el que vive normalmente, no le interesa trascender, ser figura, sino que vive en la mentalidad indígena del mundo. Mientras no rompan el modo de vida local, siguen siendo aceptados.

http://generosospechoso.blogspot.com/2014/06/muxes-una-cronica-de-las-posibilidades.html

martes, 20 de mayo de 2014

La Universidad Mayor de San Simón como construcción de identidades de género"


Gracias al esfuerzo de los estudiantes de la asignatura de "Género y Desarrollo" de quinto semestre de la Carrera de Trabajo Social la Feria denominada "La universidad como ámbito de construcción de identidades de género",  que fue todo un éxito.Reconocemos la labor académica y al espíritu democrático e inclusivo de las estudiantes por la construcción de la igualdad de género en la comunidad universitaria.

martes, 8 de abril de 2014

Entrevista con Gabriela Triveño: Cuerpo sexuado e identidad de genero



El mes de marzo tuvimos la oportunidad de participar de un evento organizado por la NEL (Nueva Escuela Lacaniana) Cochabamba, donde Gabriela Treviño, especialista en psicoanálisis, abordó la temática de los cuerpos sexuados e identidad sexual. Las siguientes preguntas son una especie de síntesis del conversatorio.  

1) ¿Cómo concibe el psicoanálisis el cuerpo sexuado y qué relación tiene  esta concepción con la afirmación lacaniana de que "el cuerpo no existe"?


El psicoanálisis concibe el cuerpo sexuado, en realidad el cuerpo del ser humano como algo secundario al lenguaje, es decir, primero un bebé es hablado por los padres y luego recién a partir de lo que se dice de ese cuerpo de bebé, ese niño se hará de un cuerpo. Cuando decimos que es hablado quiere decir que como sujetos somos posterior al lenguaje, no existimos sin el lenguaje. Somos hablados porque nuestros padres antes de ser padres tenían ya palabras, nosotros tomamos el concepto de “significante” de la lingüística que luego van a marcar el cuerpo en zona erógenas. Entonces mucho depende de cómo ese niño es hablado y del lugar que se le da en el discurso de los padres, el ejemplo más devastador de cómo un niño viene al lugar de un objeto para sus padres es el autismo.

 No hay una causa orgánica ni genética para el autismo, nosotros creemos que tiene que ver con el lenguaje de los padres. El cuerpo sexuado se va obteniendo de la misma forma, de cómo los padres tratan, hablan y tocan las partes del cuerpo del niño, es el lenguaje quien delimita las zonas erógenas del cuerpo y esto tiene sus distintas consecuencias en cada ser humano. Por eso decimos que nadie nace con un cuerpo, sino que se hace un cuerpo, los autistas no logran hacerse un cuerpo porque no lo controlan, no lo coordinan y no se comunican con los otros. Lacan dice que el cuerpo es del registro del tener, no del ser, en sentido que el cuerpo no es algo que somos, sino que tenemos: no somos un cuerpo, tenemos un cuerpo. Los autistas y los esquizofrénicos no logran tener realmente un cuerpo, el cuerpo se les sale de las manos y tendrán que encontrar maneras de apropiarse de su propio cuerpo.


2) ¿Qué opina de la concepción sociocultural de las identidades de género y la sexualidad, como una construcción cotidiana?

Se podría decir que la identidad de género se construye, pero para el psicoanálisis se construye a partir del lenguaje y hay hechos estructurales, es decir que ya no se pueden modificar en el tiempo, como la estructura clínica de un sujeto. El tema de la sexualidad es muy amplio porque para el ser humano no hay una programación que nos diga qué hacer en el sexo, Lacan por eso dice “no hay relación sexual” y entonces la sexualidad para el ser humano es única para cada uno. La identidad de género proporciona un semblante para cubrir esa falta de programación sexual que tenemos, una manera de cubrir algo que no existe y que por lo tanto puede modificarse y funcionar de distintas maneras, lo que no cambia es la estructura, si somos neuróticos o psicóticos por ejemplo.


3) ¿Qué aportes fundamentales tiene Judith Butler para deconstruir las teorías del género en el mundo contemporáneo?

Los aportes de Butler son inmensos, no sé si me alcanzaría el tiempo para poder delimitarlos, necesitaría alguna pregunta más concreta sobre el trabajo de ella. Pienso que hay encuentros y desencuentros entre ella y el psicoanálisis Lacaniano que se podrían discutir largo y tendido.



4) ¿Cuales son las principales demandas, síntomas y experiencias que puede compartir en la atención clínica de personas de diversas identidades sexuales (travestis, transexuales)

Cada caso es único por lo que no podría nombrar un tipo de demandas o síntomas, pues el síntoma es lo más único que tenemos, lo singular dice Lacan y que no se puede generalizar.  

5) ¿Qué asuntos relacionados con el "Género y la Educación Superior" considera que pueden ser investigados?


Quizás se podría investigar de qué manera es abordado el género hoy en día, solo de las teorías de género o si se puede hacer un entrecruzamiento con el psicoanálisis e incluso otras teorías.