Mireya
Sánchez Echevarría
El uso de la imagen del cuerpo de la mujer en
los medios de comunicación y en la publicidad conlleva en la actualidad ribetes
de “cosificación” sexual. Esta connotación proviene de una larga tradición de la
representación del desnudo femenino en la pintura al óleo europea signada por
los valores judeo cristianos de occidente que determinó finalmente la
construcción del sujeto sexual femenino a través de la mirada masculina. ¿Cómo
se construye y cómo se puede deconstruir esta imagen? De eso trata estas
líneas.
“El cuerpo de las mujeres”, documental de Lorella
Zanardo, constituye un indignado alegato contra la “cosificación” de la imagen
de la mujer en los medios de comunicación y la publicidad. Para la periodista
italiana, estos habrían
reducido los rostros y cuerpos de las mujeres a máscaras y cuerpos inflados, y
escondido su imagen real por la ostensión obsesiva, desproporcionada y vulgar
de los caracteres femeninos. La construcción de la identidad sexual femenina a
través de estas imágenes es el de una mujer silente, pasiva, dispuesta solo a
contentar y secundar cada presunto deseo masculino. Zanardo denuncia que el
espectáculo de la belleza, de la juventud, de la sexualidad y de la perfección
corpórea contribuye a establecer una propedeutica temprana para las mujeres
donde es más importante el parecer que el ser.
Si bien la
construcción de esta identidad denunciada por Zanardo se desenvuelve en la actualidad en el contexto
de la cultura de masas y de lo que el
escritor Mario Vargas Llosa denominó la civilización del espectáculo, la mirada
genealógica del crítico de arte John Berger expuesta en su obra “Modos de
mirar” nos ofrece algunos criterios que nos permiten descubrir cómo eran vistas
las mujeres desde la tradición pictórica europea del desnudo femenino y
explicar la pervivencia de dicho imaginario en el presente. El desnudo en esa
tradición se inaugura con el tema que lo definirá: la desobediencia de Eva al
comer el fruto prohibido. De allí surge dos elementos importantes: por un lado,
la culpa de la mujer y su consecuente castigo plasmado en la subordinación al
hombre, y por otro, la visión de la desnudez creada en la mente del observador.
A partir de allí, en la tradición europea, ya secularizada, el desnudo implica
el saberse visto por el espectador, o mejor dicho, vista como un espectáculo
para el placer del espectador.
Berger en este
punto hace una distinción importante entre el verse uno mismo desnudo y la de
ver al otro/a desnuda y puesto en exhibición. Estar desnudo ─dice─ es estar sin
disfraz. Estar en exposición es tener la superficie de la propia piel, el pelo
del propio cuerpo convertidos en un disfraz que no puede sacarse. En este
sentido, la mayoría de las pinturas de desnudo femenino europeas han sido
creadas para el placer del espectador masculino que las posee, las valora y las
juzga como espectáculos. En ellas la mujer muestra su desnudez de forma pasiva
al espectador, como una forma de sumisión, nunca revelándose a si misma porque
la desnudez de ellas es una forma de vestido, de dizfraz, que las cubre. Solo
muy contadas entre decenas de miles de óleos europeos de desnudos se ve a la mujer mostrándose como ella misma, estas
excepciones revelan pinturas tan personales como poemas de amor.
Si comparamos estas
antiguas imágenes pintadas en un contexto ideológico determinado con las
imágenes de las mujeres representadas en las actuales revistas “masculinas”,
las que aparecen en la publicidad o en la televisión del espectáculo
encontramos que la mirada, la expresión y la disposición de los cuerpos son
iguales. La expresión responde a un
encanto calculado hacia el hombre que supuestamente está mirando, hacia el que
se considera su amante, el espectador propietario. El cuerpo está dispuesto de
un modo lánguido, pasivo para ser atractivo a la sexualidad de ese expectador
ignorando la propia sexualidad de la representada. Vemos que John Berger y
Lorella Zanardo coinciden en estos puntos, y en otro de vital importancia. El
punto común y resaltado es que en la actualidad a través de las imágenes
sexuales desplegadas por la industria cultural y los mass media, nosotras las
mujeres nos miramos con los ojos de los hombres, y construimos bajo esa mirada
nuestra identidad sexual sin reconocernos ni reconocer nuestros verdaderos
deseos y necesidades.
Ahora, si bien
existen otras tradiciones donde la imagen sexual de la mujer, el desnudo, y por
tanto su identidad sexual reflejan la exaltación del amor activo entre dos personas, o donde la mujer es
sexualmente tan activa como el hombre, es importante reconocer que el
capitalismo mundial integrado ─como lo llama Félix Guattari─ al descentrar sus
núcleos de poder de las estructuras de producción de bienes y servicios a las
estructuras productoras de signo, de sintaxis y de subjetividad, especialmente
a través del control que ejerce sobre los medios de comunicación, la
publicidad, y otros, ha universalizado esa mirada. Por tanto, tienen razón Berger y Zanardo cuando
alarman sobre el peligro que corre la construcción de la identidad sexual de
las mujeres en un mundo de violentas, universales y hegemónicas asignaciones.
Las preguntas de Zanardo así cobran sentido cuando espetan: ¿por qué las
mujeres debemos aceptar los modelos irreales cargados de erotismo y sexualidad
que nos imponen los mass media? ¿Por qué no mostrar a la mujer como es
realmente? ¿Por qué se acepta la humillación de la cosificacion?
Una de las
salidas planteadas especialmente desde el documental de Zanardo es la repulsa
de este sistema valórico. Se espera, que las mujeres abandonen ser partes
sometidas de este juego de miradas perverso, e incluso se espera que los mismos
medios que reproducen estas imágenes, tomen conciencia de la situación y
acompañen la revuelta. Sin embargo, hay dos temas en este programa que siempre
me han inquietado. El primero, si se reconoce que estamos ante un campo de
juego con sus propias reglas, me parece que intentar cambiarlo deponiendolas
asemeja a una labor de Sísifo, mejor promover su abandono. Por otra parte,
existe en la protesta de las mujeres, particularmente desde el feminismo, una
sanción casi de tipo de moral a las mujeres insertas en este sistema (la gran
mayoría). Hay un continuo reclamo para que las mujeres se liberen del imperio
de la imagen apostando al imperio de la razón, del espíritu. He aquí el
problema. ¿Porqué nuevamente seguir el juego civilizatorio patriarcal de
confrontar cuerpo y espíritu en dicotomías jerárquicas destructivas? ¿Por qué
denigrar, menospreciar, rebajar el valor del cuerpo? Me parece correcto
denunciar al sistema, promover la toma de conciencia, pero superando también la
oposicion dicotómica cuerpo y espíritu en la construcción de la identidad
femenina.
Vamos por el
lado contrario. Hay una corriente de pensamiento ─expuesta por Catherine
Hakim─, que reconoce y acepta la cultura sexualizada de esta sociedad
capitalista, y plantea como una estrategia de acumulación de bienes para las
mujeres –aunque no exclusivamente- el despliegue de su “capital erótico” construido
a lo largos de cientos y cientos de años. El capital erótico, sería una adición
importante al capital económico, cultural y social. Hakim le otorga un valor
predonderante en los mercados de apareamiento y de matrimonio, pero también en
los mercados de trabajo, los medios de comunicación, la política, la
publicidad, los deportes, las artes y en la vida cotidiana. Según la autora,
las mujeres, dada su larga experticia en el tema estarían en mayor ventaja competitiva
que los hombres para incrementar y explotar este capital con el fin de lograr
beneficios económicos y sociales. El problema es que al seguir el juego del
capitalismo y de su cultura del espectáculo resultante, insertándose en su
lógica y aceptando sus reglas, se contribuiría a consolidar sus perniciosas
redes ideológicas. Por otra parte, esta aceptación limitaría la posibilidad a
las mujeres de construir su identidad sexual desde sí mismas y con otros
paradigmas.
Sin embargo,
creo necesario otro posicionamiento. Parece una obviedad, pero el punto de
partida debe reconocer que es imposible pretender construir “una” identidad sexual de las
mujeres. Dicha construcción será tan individual y diversa como mujeres puedan
existir. Debería estar basada por tanto en un ejercicio de decisión individual
pleno, alejado críticamente del mundo del espectáculo, de la publicidad, de la
moda, de la cultura de masas, del imaginario judeo-cristiano occidental, del
patriarcado, en fin, de todo aquello que hasta ahora ha marcado nuestros gustos
y ha construído nuestra imagen e identidad. El sexo ha desempeñado un lugar
protagónico en lo que hace a nuestra humanidad, porque el ser humano a través
de su voluntad y el ejercicio de su libertad convirtió sus pulsiones en amor,
sentimiento, juego amoroso y por supuesto en erotismo.
Considero entonces que es desde un posicionamiento
femenino del erotismo ─aquel suplemento del alma, de valor intelectual y
espiritual─, que se puede empezar a construir la identidad sexual de las
mujeres. Para ello, atendiendo a la preocupación de John Berger, es necesario
romper con el monopolio del deseo y la pasión. Dejar el espectáculo masivo y
volver al secreto domino de lo íntimo y lo privado para desde allí hacer del
erotismo un ejercicio libertario que respete la libertad del otro, sin miedos,
sin culpas, con creatividad, con fantasía, con imaginación, con voluptuosidad.
Desde allí también podemos empezar a ejercitar el arte de mirar y tomar por
nosotras mismas, de obtener y dar placer a un cuerpo, que dejará de ser mirado
con condescendencia y desprecio, y más bien con sensibilidad, emoción y gozo.
Frente a la “cosificación” de las personas, de su instrumentalización, de su
conversión en mercancía y espectáculo, el retorno a la intimidad y a la
sensualidad y sexualidad creativa. El erotismo como via revolucionaria, como
guera de guerrillas para que las mujeres podamos recontruir nuestra imagen
sexual y sensual desde nosotras mismas, y que podamos también construirla
democrática, creativa y libertariamente.
Bibliografía
Berger, John (1972) Modos de ver. Edición Inglesa.
Disponible online en: https://paralelotrac.files.wordpress.com/2011/05/modos-de-ver-john-berger.pdf
Guattari, Félix (1989) Las tres ecologías. Ed.
Pretextos. Valencia.
Hakim,
Catherine (2010) “Erotic Capital” en: European Sociological Review VOLUME 26
NUMBER 5 2010 499–518 499 DOI:10.1093/esr/jcq014, available online at
www.esr.oxfordjournals.org Online publication 19 March.
Vargas Llosa, Mario (2012) La civilización del espectáculo.
Alfaguara. Grupo Santillana. Madrid. https://paralelotrac.files.wordpress.com/2011/05/modos-de-ver-john-berger.pdf
